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Pies en el cielo

mardi 4 mai 2010

1ra obsesión: El desastre ecológico al que de seguro nos encaminamos

Pienso mucho en la ecología, por decirlo así, rápido, desde siempre, desde pequeña. Cuando tenía quince años, recuerdo que con mi ex-compinche Mercedes, nuestro trabajo de grado en biología consistía en sensibilizar al público sobre los peligros que corre nuestro planeta tierra, « Gaia ». Confeccionamos un pequeño folleto en blanco y negro que le distribuimos a algunos pasantes a la salida del colegio, y fuimos al departamento de estudios tropipcales de la Universidad Central a entrevistar a un investigador que se especializaba en insectos tropicales, muy simpático. También leímos un libro con ilustraciones sobre el recalentamiento terrestre del que ya no recuerdo nada.
Siempre me ha angustiado ver basura en las playas, en los caminos del Avila, en lo que uno llama, por ir rápido, la « naturaleza ». Principalmente porque me parece lo más anti-estético que hay.
Cuando me entero de que algún navío vacía su cargamento de petróleo y/o gas en las aguas del mar, me parece una auténtica catástrofe. Pienso en los peces que no entienden por qué de repente todo se pone negro, espeso, sofocante y mortal… Pienso en el mar convertido en aguas negras y criminales.
Los incendios en los bosques y la deforestación, sobre todo la de la selva amazónica, también me angustian hondamente. Además yo vi los huecos que deja ésta en la superficie verde de la selva, cuando fui al Amazonas de vacaciones, desde el avión. Era como ver cómo una tupida cabellera pierde pedazos de sí misma, como fruto de alguna maligna enfermedad. Eso fue hace más de diez años. Supongo que ahora es mucho peor.

Ahora sé más cosas : que muchas especies vegetales y animales desaparecen, que las abejas mueren por millones, las laboriosas y velludas abejitas que ofrecen sin quererlo su miel al mundo, que contribuyen a que haya más flores y más de todo lo que es verde, frutal o bucólico en el mundo. Que se mata en masa a los tiburones, a los atunes rojos, a muchos otros peces. Que el recalentamiento planetario está descongelando los enormes bloques de hielo de los polos, y veo, como en la propaganda, a los hermosos y publicitarios osos blancos polares solitos en un bloque que se derrite en el agua y que se van a ahogar sin entender nada.

La verdad que pienso sobre todo en los animales, en los árboles, en las matas. No pienso mucho en la humanidad, cuando me angustio por todo esto. Es mi manera de castigarla. Es mi manera infantil de decir : « ven ? quién los mandó ? »

También pienso que todo ese desastre, toda esa muerte progresiva que se va extendiendo por todas partes, es producto de una de las peores calamidades engendradas por el hombre occidental : la industrialización. Calamidad ecológica, calamidad espiritual. Calamidad muy profunda, nuestra torre de Babel, imperdonable, nuestra deshumanización. (También pienso que seguramente sin la industrialización, no existiría ni el cine ni el psicoanálisis).

Y ahí se me vuelve todo muy complilcado. O muy simplificado.

Lo cierto es que esta obsesión, que forma realmente parte de mí, es la que me hace sentir, pensar, considerar, que es mejor no tener hijos… Es terrible ! Me legaron entonces la desesperanza, porque pienso que nuestros hijos lo pasarán cada vez peor en este mundo del que nos hemos servido como de una sala de juegos, sin la más mínima consciencia, ni del mundo, ni de nosotros, juguetes de nosotros mismos.
Es decir, me parece irresponsable tener hijos que seguramente como nosotros producirán cantidades industriales de basura, contaminarán con sus carros y sus motores, consumirán energía, etc., etc., etc… Ya hay tanta población humana en el mundo ! Y la inmensa mayoría de nosotros representamos una calamidad para el planeta, lo único que hacemos es explotarlo, servirnos, usar, consumir, gastar y desgastar, y destruír. No podemos quedarnos tranquilos y dejar que la naturaleza haga su lento y poético trabajo. Siempre tenemos algún proyecto, un afán por « hacer », sin el más mínimo respeto por lo que ya existe.

Por ejemplo, una cosa que me espanta, que me aterroriza, son esas grandes construcciones faraónicas en los países árabes : Dubai, Arabia Saudita, etc. Esos enormes hoteles, esas infinitas torres, esos acuarios o pistas de esquí u otras invenciones con formas de no sé qué, esos inmensos parques de atracciones que cuestan cantidades astronómicas de dinero. Primero, me parecen horrorosos estéticamente. Segundo, lo que yo visualizo cuando me entero de alguno de esos enfermizos proyectos, es la cosa ya en ruinas, ya en estado de catástrofe. Con monstruos o asesinos o violadores o psicópatas ahí. Enseguida veo el desastre y el caos, y el retorno de la barbarie. Mientras más grande es el proyecto, más grande veo el desastre, como una burla, una gran carcajada a la vanidad humana.

1 commentaire:

  1. Estoy de acuerdo, pienso que estamos en presencia de una toma de conciencia sobre todo lo relacionado con el ambiente natural y la necesidad de su conservación, pero lamentablemente pienso también que es debido a que los desastres naturales han pasado de ser una amenaza más o menos lejana, a ser una terrible realidad y pocos relacionamos lo que está pasando con nuestra cuota de responsabilidad en ello. Hay una campaña conservacionista que dice "todo lo que hagas ( en favor de conservar y cuidar lanaturaleza, se entiende)cuenta" Y creo que tienen mucha razón

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