La tarde ardorosa
me ofreció el sopor del olvido.
Dejé mi cuerpo flotando
en una horizontalidad ingrávida.
Mi piel sudorosa
abrió mis ojos.
Mis manos
constataron las bondades de ese instante
en el que el tiempo se detiene en pleno vuelo
y nuestro soterrado dolor con él.
vendredi 28 mai 2010
Inscription à :
Publier les commentaires (Atom)

Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire