Las mañanas blancas
me traen la mordedura
de las serpientes.
La temperatura de mi cuerpo cetrino
no tolera esos calores.
El día transcurre como un siglo
atravesado por mil destellos opacos.
Me acuesto con los ojos entornados
por los sueños
Llena de hendiduras
mi alma,
espera apaciguarlas
con las promesas de la noche.
lundi 31 mai 2010
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