Hace cuánto tiempo
no me subo a un tren
a contemplar
la mirada apoyada en la mano,
el desfile vertiginoso de los paisajes.
Hace cuánto tiempo
no me dejo mecer
por la leve brisa del amor,
sintiendo en el estómago
que lo estoy haciendo bien,
que bailo con los astros en el universo.
Hace cuánto tiempo
no descanso,
exhausta de dicha y de bondad.
jeudi 20 mai 2010
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