Anti-dictaduras

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Contra TODAS las dictaduras

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Pies en el cielo
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mercredi 19 mai 2010

5ta obsesión: el peo ideológico

Creo que aún hoy no hemos salido de ese peo ideológico desatado por Marx… Al final las discusiones políticas en los foros en Internet se terminan convirtiendo en una guerra entre defensores del comunismo contra defensores del capitalismo. Parece mentira. Seguramente porque no se ha encontrado un sistema económico que no engendre desigualdades ni totalitarismos.
Debe de haber algún pensador, o mucho más de uno, que haya sobrepasado esa dicotomía tan caricatural para proponer algo pragmático. Pero la gente común y corriente, cuando se mete a hablar de eso, termina cayendo en la caricatura y en el odio. Porque el problema es que todo eso despierta muy rápidamente mucho odio.
Me doy cuenta de ello con las discusiones que he tenido con gente aquí a partir del « problema Chávez ». Hay algunos puntos que no quiero olvidar para mi próxima discusión. Es importante para mí. Aquí los enumero, seguramente desordenadamente :
- Chávez es de educación militar, y además, nunca fue un defensor de la democracia, aunque use el arma electoral para asentar su autocracia.
- Ha dividido el país como nunca en la historia el país ha estado dividido, salvo durante le período de la guerra civil, en el siglo 19, e incluso eso no lo tengo tan seguro.
- La tradición clientelista y nepótica de la época de AD y Copei no se ha perdido… Hoy hay toda una cantidad de « boli-burgueses » que se han enriquecido descaradamente por su apoyo al gobierno y que de socialistas o comunistas no tienen absolutamente nada ! Se comportan como perfectos nuevos ricos, son ultra-consumistas, y no tienen ni un ápice de moralidad, de honor, de vergüenza ! Toda la familia de Chávez está en altos mandos y se beneficia material y simbólicamente del poder del ex-paracaidista. Como en Cuba…
- Lo peor, lo más trágico de todo, es que Chávez, cuando fue electo en 1998, tenía todas las armas para sacar realmente a Venezuela hacia adelante : un apoyo muy amplio del pueblo venezolano ; margen de maniobra ; después el petróleo se disparó y le volvió a entrar un torrente de dinero al país. Con eso ha podido lanzar programas SERIOS a favor de la salud, la educación, la higiene pública, el urbanismo, la seguridad… Ha podido rodearse de asesores pragmáticos y competentes para que esos programas fuesen realmente efectivos. En vez de eso, lo que ha lanzado es toda una serie de « misiones » con carácter más ideológico y endonctrinante que de reales resultados. Total : el país está muchísimo peor que antes. A todo nivel : de seguridad, de producción industrial y agrícola ; de educación ; cultural ; de urbanismo (las calles siguen igual de rotas, descuidadas, llenas de basura). Por eso es imperdonable. Tenía todo en sus manos para sacar a Venezuela del lodo, y lo que hizo fue hundirla más con sus complejos y su locura megalomaníaca.
- La renta petrolera la ha despilfarrado regalando petróleo a Cuba, a Bolivia, a Ecuador, a Honduras, a Nicaragua, a Argentina… etc., sin ninguna contrapartida, sin ningún control, sin ningún orden.
- Poco a poco ha ido acaparándose todos los poderes : legislativo, ejecutivo, judicial. El pluralismo, el debate democrático, la libertad de expresión, son cada vez más ilusorios. Hay al menos 50 presos políticos, muchas veces acusados sin pruebas tangibles, y sin ningún seguimiento jurídico. Se les hace podrir en la cárcel, sólo para mantenerlos callados.
- No ha intentado educar al país hacia el trabajo, todo lo contrario. Ha fomentado la tendencia criolla a la flojera, a la « viveza », a ganar plata sin ningún esfuerzo. Basta con estar en el partido y firmar algún papel. La gente prefiere ganar menos dinero sin hacer nada que un poco más trabajando, y progresar en su vida material, mental, cultural. A nadie le da vergüenza esa actitud. Mientras más « vivo », mejor. Mientras menos se trabaje, mejor. Esos « valores », que pueden sonar conservadores o reaccionarios, pero que en realidad son lo que desarrollan a un país (en Francia hasta el más ultra-izquierdoso de los sindicalistas no aceptaría que le digan que es un flojo o que hace mal su trabajo), ni se mencionan ya.
- Conclusión : Chávez ha sido completamente contraproducente. En vez de sacar lo mejor que hay en la gente, ha hecho surgir lo peor de cada quien, lo más feo, lo más vil. Los « amos del valle », si no se han ido, se han vuelto cada vez más clasistas, reaccionarios, racistas y radicales en sus posiciones capitalistas o ultra-liberales. Los pobres se han vuelto rencorosos, irrespetuosos, groseros, flojos, orgullosos. Todo el mundo se ha radicalizado en su posición y en su propia caricatura. El odio entre clases y dentro de ellas, además, es palpable.
Las desigualdades sociales permanecen, e incluso es muy probable que se hayan acentuado, porque la pobreza no ha disminuído, con la inflación disparada que conoce Venezuela desde hace años. El racismo permanece. El clasismo también. La inseguridad es mayor que antes. La corrupción también. Y el país se ha degradado muchísimo económicamente, con muchas menos empresas, muchas menos inversiones, mucha peor calidad en la producción petrolera… En resumen, el « remedio » Chávez a nuestra enfermedad latinoamericana (todo lo que cité antes), ha sido mucho peor que ésta.

lundi 10 mai 2010

3ra obsesión: La música

Sin ella no puedo vivir, como diría la canción. Seguramente desde que me concibieron mi mamá y mi papá ya la música estaba en mí. No como para una superdotada o una niña prodigio, sino como una sensibilidad y una receptividad tan profunda que ya corría por mis venas. Suena solemne y cursi, pero no encuentro otra forma de describir lo imprescindible que es la música para mi alma y mi cuerpo también.

Sé que desde casi bebé me encantaba cantar, y me aprendía de memoria las canciones que pasaban por la radio (rancheras o canciones de amor, en general) y las cantaba a grito pelao.

Más adelante, mi mamá tuvo la excelente idea de meterme en la escuela de música de Mérida. Recuerdo perfectamente la primera cita con el director, un señor barbudo con lentes : pidió ver mis manos y dijo que tenía dedos de flautista, lo cual me sorprendió mucho. Entonces tuve una flauta dulce, y recuerdo que ya en clase, con muchos otros alumnos, me estremecía con nuestro torpe concierto infantil. Me encantaba ir a esa escuela, que tenía un patio, que era pequeñita y estaba con frecuencia bañada por el sol.

Después en España mi mamá me metió en otra escuela de música, donde aprendí el solfeo y comencé el piano. También cantaba en la coral, como contralto, « y que ». Eso y el fútbol eran mis mejores momentos. Cantar, y estar allí con mis compañeros (tenía una amiga con la que me reía todo el tiempo), y las clases de piano, con una profe que me adoraba, todo, era un recreo para mí. Era todo un universo acogedor y estimulante.

Recuerdo también lo fajada que era con los dictados que nos mandaban a hacer en la casa. Me pasaba horas escuchando esos cassettes y anotando las notas en mi pentagrama. Nunca me equivocaba, era demasiado maniática. En la escuela sacaba sobresaliente en todo, hasta en piano.

Después en Venezuela fui dejando el trabajo musical poco a poco, por floja y por adolescente. No lo lamento, aunque tampoco me enorgullezco, por supuesto. Sé que no soy una virtuosa, y que me hubiera faltado mucha más pasión para trabajar todo lo que tenía que trabajar. Seguramente tampoco tengo un alma de compositora. Sencillamente, me gusta la música.

Toda la vida me he comprado decenas de discos de todo tipo. Siempre he ido a las bibliotecas municipales a coger discos. En mi casa necesito escuchar música. Es mucho más importante que la tele. La música es infinita : me estremecen las melodías virtuosas de lo que llaman la clásica. Pero me encanta la energía bruta de un rock furioso. Me siento happy con una electro ligera y bailable. Me puedo poner a llorar con muchos boleros, o con algún canto gitano. La salsa también me hace vibrar, o el merengue de Juan Luis Guerra. Me quedo boquiabierta con algunos raps cuando los cantantes tienen aquel flow que te deja con los pelos arriba. Etc…

La música (tampoco soy una experta, con un saber enciclopédico) es para mí el arte más alegre, más cercano a la palpitación de la vida, a la pulsación de nuestras venas y de nuestra conexión con la tierra, la lluvia, el cielo. Es a la vez lo más primitivo y lo más aéreo. En el fondo, es algo que no se explica. Pero cuando una melodía me nubla la mente, me siento completamente viva.

mardi 4 mai 2010

1ra obsesión: El desastre ecológico al que de seguro nos encaminamos

Pienso mucho en la ecología, por decirlo así, rápido, desde siempre, desde pequeña. Cuando tenía quince años, recuerdo que con mi ex-compinche Mercedes, nuestro trabajo de grado en biología consistía en sensibilizar al público sobre los peligros que corre nuestro planeta tierra, « Gaia ». Confeccionamos un pequeño folleto en blanco y negro que le distribuimos a algunos pasantes a la salida del colegio, y fuimos al departamento de estudios tropipcales de la Universidad Central a entrevistar a un investigador que se especializaba en insectos tropicales, muy simpático. También leímos un libro con ilustraciones sobre el recalentamiento terrestre del que ya no recuerdo nada.
Siempre me ha angustiado ver basura en las playas, en los caminos del Avila, en lo que uno llama, por ir rápido, la « naturaleza ». Principalmente porque me parece lo más anti-estético que hay.
Cuando me entero de que algún navío vacía su cargamento de petróleo y/o gas en las aguas del mar, me parece una auténtica catástrofe. Pienso en los peces que no entienden por qué de repente todo se pone negro, espeso, sofocante y mortal… Pienso en el mar convertido en aguas negras y criminales.
Los incendios en los bosques y la deforestación, sobre todo la de la selva amazónica, también me angustian hondamente. Además yo vi los huecos que deja ésta en la superficie verde de la selva, cuando fui al Amazonas de vacaciones, desde el avión. Era como ver cómo una tupida cabellera pierde pedazos de sí misma, como fruto de alguna maligna enfermedad. Eso fue hace más de diez años. Supongo que ahora es mucho peor.

Ahora sé más cosas : que muchas especies vegetales y animales desaparecen, que las abejas mueren por millones, las laboriosas y velludas abejitas que ofrecen sin quererlo su miel al mundo, que contribuyen a que haya más flores y más de todo lo que es verde, frutal o bucólico en el mundo. Que se mata en masa a los tiburones, a los atunes rojos, a muchos otros peces. Que el recalentamiento planetario está descongelando los enormes bloques de hielo de los polos, y veo, como en la propaganda, a los hermosos y publicitarios osos blancos polares solitos en un bloque que se derrite en el agua y que se van a ahogar sin entender nada.

La verdad que pienso sobre todo en los animales, en los árboles, en las matas. No pienso mucho en la humanidad, cuando me angustio por todo esto. Es mi manera de castigarla. Es mi manera infantil de decir : « ven ? quién los mandó ? »

También pienso que todo ese desastre, toda esa muerte progresiva que se va extendiendo por todas partes, es producto de una de las peores calamidades engendradas por el hombre occidental : la industrialización. Calamidad ecológica, calamidad espiritual. Calamidad muy profunda, nuestra torre de Babel, imperdonable, nuestra deshumanización. (También pienso que seguramente sin la industrialización, no existiría ni el cine ni el psicoanálisis).

Y ahí se me vuelve todo muy complilcado. O muy simplificado.

Lo cierto es que esta obsesión, que forma realmente parte de mí, es la que me hace sentir, pensar, considerar, que es mejor no tener hijos… Es terrible ! Me legaron entonces la desesperanza, porque pienso que nuestros hijos lo pasarán cada vez peor en este mundo del que nos hemos servido como de una sala de juegos, sin la más mínima consciencia, ni del mundo, ni de nosotros, juguetes de nosotros mismos.
Es decir, me parece irresponsable tener hijos que seguramente como nosotros producirán cantidades industriales de basura, contaminarán con sus carros y sus motores, consumirán energía, etc., etc., etc… Ya hay tanta población humana en el mundo ! Y la inmensa mayoría de nosotros representamos una calamidad para el planeta, lo único que hacemos es explotarlo, servirnos, usar, consumir, gastar y desgastar, y destruír. No podemos quedarnos tranquilos y dejar que la naturaleza haga su lento y poético trabajo. Siempre tenemos algún proyecto, un afán por « hacer », sin el más mínimo respeto por lo que ya existe.

Por ejemplo, una cosa que me espanta, que me aterroriza, son esas grandes construcciones faraónicas en los países árabes : Dubai, Arabia Saudita, etc. Esos enormes hoteles, esas infinitas torres, esos acuarios o pistas de esquí u otras invenciones con formas de no sé qué, esos inmensos parques de atracciones que cuestan cantidades astronómicas de dinero. Primero, me parecen horrorosos estéticamente. Segundo, lo que yo visualizo cuando me entero de alguno de esos enfermizos proyectos, es la cosa ya en ruinas, ya en estado de catástrofe. Con monstruos o asesinos o violadores o psicópatas ahí. Enseguida veo el desastre y el caos, y el retorno de la barbarie. Mientras más grande es el proyecto, más grande veo el desastre, como una burla, una gran carcajada a la vanidad humana.