Cuando la hora es capicúa
o la fecha en el calendario es armoniosa,
sonríen mis ojos.
Cuando en la mañana al despertar,
son tres mis estornudos
mi memoria los graba.
Cuando aflora una palabra en mi mente
y un instante después
un cantante me la susurra al oído,
mi corazón siente la danza de las hojas nuevas de los árboles.
Y con cada superstición
pongo una nueva piedra
en mi templo imaginario.
jeudi 3 juin 2010
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